Unos zapatos pueden quedarnos perfectamente cuando nos los probamos y convertirse en una fuente de molestias después de varias horas.
Tacones, zapatos de vestir, bailarinas o sandalias pueden generar presión en determinadas zonas del pie, provocar deslizamientos o producir roces a medida que avanzamos durante el día.
La buena noticia es que existen pequeños accesorios que pueden ayudarnos a mejorar considerablemente la comodidad del calzado sin necesidad de dejar de utilizar nuestros zapatos favoritos.
¿Por qué algunos zapatos terminan haciendo daño?
El pie cambia ligeramente a lo largo del día.
Después de varias horas caminando o permaneciendo de pie puede aumentar la sensación de presión dentro del zapato.
Además, determinados diseños concentran buena parte del peso en zonas específicas.
En los zapatos de tacón, por ejemplo, una parte importante de la presión se desplaza hacia la zona delantera del pie.
También pueden aparecer otros problemas frecuentes:
- El pie se desliza hacia delante.
- El talón se mueve dentro del zapato.
- Aparecen puntos de presión en el metatarso.
- Las tiras de una sandalia producen roces.
- El borde del zapato molesta en el tobillo o el empeine.
Identificar dónde aparece la molestia es el primer paso para escoger la solución adecuada.
Almohadillas para la zona del metatarso
La parte delantera de la planta del pie soporta una presión importante cuando caminamos con determinados tipos de calzado, especialmente con tacones.
Las almohadillas para el metatarso añaden una pequeña zona de amortiguación que puede ayudar a repartir la presión y hacer que la pisada resulte más cómoda.
También pueden evitar que el pie se deslice excesivamente hacia la parte delantera del zapato.
Esto resulta especialmente útil cuando usamos zapatos durante muchas horas en eventos, celebraciones o jornadas de trabajo.
Protección para talones y tobillos
Otra zona donde suelen aparecer molestias es la parte posterior del pie.
Cuando el zapato se mueve ligeramente durante cada paso puede producirse una fricción continua sobre el talón.
Las protecciones y almohadillas colocadas en determinados puntos del calzado ayudan a crear una superficie más suave entre el zapato y el pie.
Además de mejorar la comodidad, pueden favorecer un mejor ajuste cuando existe un pequeño movimiento dentro del calzado.
Cómo evitar que el pie se deslice dentro del zapato
En algunos zapatos, especialmente tacones o sandalias, el problema no es únicamente la presión sino el desplazamiento del pie.
Cuando el pie se desliza hacia delante aumentan las molestias sobre los dedos y el metatarso.
Las almohadillas antideslizantes ayudan a mejorar la sujeción y pueden conseguir que el pie permanezca más estable dentro del zapato.
Esta pequeña mejora puede marcar una gran diferencia cuando debemos llevar el mismo calzado durante muchas horas.
No estrenes zapatos durante muchas horas
Una de las mejores formas de evitar molestias es acostumbrar progresivamente los pies al calzado nuevo.
Antes de utilizar unos zapatos durante una boda, evento o jornada completa de trabajo, intenta llevarlos durante pequeños periodos de tiempo en casa.
Esto permitirá comprobar dónde aparecen posibles zonas de presión o rozamiento.
Si detectas alguna molestia, podrás colocar una almohadilla o protección adecuada antes de utilizarlos durante muchas horas.
Elegir el accesorio adecuado
No todas las molestias aparecen en el mismo lugar, por lo que tampoco existe una única almohadilla válida para todos los zapatos.
Antes de escoger una solución conviene identificar qué ocurre:
¿Te duele la parte delantera del pie?
Una almohadilla para el metatarso puede aportar mayor amortiguación.
¿El talón roza con el zapato?
Una protección colocada en esa zona puede reducir la fricción.
¿El pie se desliza hacia delante?
Una superficie antideslizante puede mejorar la estabilidad.
¿Las tiras del calzado generan presión?
Existen soluciones específicas para proteger pequeñas zonas de contacto.
